El agotamiento es el cansancio de lo imposible, que derrumba en el cuerpo el trabajo obsesivo de la posibilidad.
Fatigando las variaciones de lo posible
se hace carne lo imposible:
el cansancio.
Y la verdad que se alcanza por medio del trabajo incesante en la persecución de lo imposible, es así de tonta:
“El día que me tengas
caerás
muerto
de cansancio.”
Por ello el objeto imposible
del deseo neurótico
es el descanso.
Lo que le hace
prometer a la muerte:
paz.
El obsesivo
corre
detrás del descanso
y aleja así
lo que quiere.
Su trabajo
le garantiza
volver su objeto
cada vez más
más
alejado
.
.
imposible.
Por ello
todo lo que arguya
como acceso
es cifra de
alejamiento.
Trabaja
hasta el ocio.
al ocio
también
lo trabaja.
Su secreto
es la postergación:
patear hacia delante
lo que viene de atrás.
Anda muerto de sueño.
Y porque en vida
no se permite
el descanso
sueña con morir.
No puede parar,
es el modo
de mantenerse erguido.
De día
sueña con la cama.
De noche
ya no tiene fuerza para el
trabajo del sueño.
Su sueño:
prolongarse
en la infinitud
del trabajo
sin
interrupción.
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Brillante!
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