Acordarse, es pactar con lo que no deja de pasar, con aquello que no puede devenir consciente. Todo acordarse, precisa de un pacto. Por eso los recuerdos son siempre de un acuerdo. Un acuerdo que vuelve a realizarse cada vez que recordamos. Todo recordar implica un acordar nuevamente la condición del pacto. El pacto no deja de pasar. Para ponerse de acuerdo con el Otro es preciso negociar.
Hobbes
Virtud de ligar, asociar. El pacto ob-ligar, obligazón.
"Unas y otras cosas (meras palabras o simples acciones) son los lazos por medio de los cuales los hombres se sujetan y obligan: lazos cuya fuerza no estriba en su propia naturaleza (porque nada se rompe tan fácilmente como la palabra de un ser humano), sino el temor de alguna mala consecuencia resultante de la ruptura." p 108
"La mutua transferencia de derechos es lo que los hombres llaman CON-TRATO"
Tiempos del pacto:
- Renuncia, abandono de los derechos
Para que pase, tiene que haber pasado.
Es decir que en tanto hay un pasado, hay una tradición donde lo que pasa viene a inscribirse. El significante de lo que pasa se liga con otro significante que ha pasado, para poder pasar. Lo determinante del significante de lo que pasa no es su dimensión temporal. El tiempo entendido como –presente, pasado y futuro- es efecto de sus operaciones. De sus distribuciones. El tiempo es sencillamente lo que pasa, y esto lo sabe cualquiera. Lo determinante entonces es su relación con el pase. Eso es lo que debemos oír, las letras por donde se pasea. Nuestra atención al pase de manos, a la magia de un significante con otro, debe estar perfilada hacia la materialidad de sus letras. Deletrearla, es el modo de leer esas cartas y no dejarse fascinar por sus figuras. Tenemos que el pase es reenvío, indica siempre que lo que se busca está en otra parte. Pero indica también que no todo está perdido, porque en sus huellas permite rastrear el itinerario de lo que pasa.
Volvamos, que es un modo de comenzar. El significante que no deja de pasar, lo que se repite, es el mejor ejemplo para mostrar que simultáneamente por su efecto tira hacia atrás un pasado del cual adviene y niega hacia delante esa condición de pasado en su presentarse nuevamente –que es su imposibilidad de pasar. Su pasar es el de la insistencia que se desplaza, no la consistencia que se detiene. Su trazado es pentagramático y accidentado, sucede entre líneas. Largas son sus piernas. Su gimnasia es acrobática y no lineal.
Es decir que en tanto hay un pasado, hay una tradición donde lo que pasa viene a inscribirse. El significante de lo que pasa se liga con otro significante que ha pasado, para poder pasar. Lo determinante del significante de lo que pasa no es su dimensión temporal. El tiempo entendido como –presente, pasado y futuro- es efecto de sus operaciones. De sus distribuciones. El tiempo es sencillamente lo que pasa, y esto lo sabe cualquiera. Lo determinante entonces es su relación con el pase. Eso es lo que debemos oír, las letras por donde se pasea. Nuestra atención al pase de manos, a la magia de un significante con otro, debe estar perfilada hacia la materialidad de sus letras. Deletrearla, es el modo de leer esas cartas y no dejarse fascinar por sus figuras. Tenemos que el pase es reenvío, indica siempre que lo que se busca está en otra parte. Pero indica también que no todo está perdido, porque en sus huellas permite rastrear el itinerario de lo que pasa.
Volvamos, que es un modo de comenzar. El significante que no deja de pasar, lo que se repite, es el mejor ejemplo para mostrar que simultáneamente por su efecto tira hacia atrás un pasado del cual adviene y niega hacia delante esa condición de pasado en su presentarse nuevamente –que es su imposibilidad de pasar. Su pasar es el de la insistencia que se desplaza, no la consistencia que se detiene. Su trazado es pentagramático y accidentado, sucede entre líneas. Largas son sus piernas. Su gimnasia es acrobática y no lineal.
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